sábado, 14 de febrero de 2009

De porqué me hubiera gustado nacer antes de la Internet



Nadie, absolutamente nadie ha decido nacer en esta época. Sin embargo, en algunos momentos de nuestra imperfecta vida, hemos albergado en nuestro secreto ser, el firme deseo de haber nacido antes. Y este es mi caso, ¿la razón? Pues me hubiera gustado haber nacidos unas décadas antes para no estar sometido al dominio de una computadora conectada a Internet.

Cuando mi padre trajo la computadora a mi casa, entró en nuestras vidas como algo positivo y práctico: no tendríamos que pagar altas sumas por una simple hoja impresa, y despejaríamos nuestras mentes haciendo dibujitos en Paint. Sin embargo, años más tarde mi computadora recibió, como si en toda su robótica vida estaría esperando por aquello, su complemento perfecto: La Internet. Desde el primer día en que recibimos al nuevo huésped en mi sala, todo cambió. La mesa de mi cuarto ya no era tan atractiva para estimular mi estudio, el mouse se convirtió en una llave mágica con poderes intergalácticos y poco a poco perdí el arte de escribir a lapicero, además, debo confesarlo, si en mi familia no fuéramos 4 las personas que luchamos para el uso de Internet, posiblemente habitaría en la red.

El problema no pasa solo por que Internet me resulta divertido. Tampoco responde a que no puedo vivir sin que no haya leído el último comentario en el hi5. Yo bien podría renunciar a todo aquello . Lo único que me obliga a siempre sumergirme en los mares informáticos es que todo el mundo tiene acceso a ello: todos se mantienen informados sobre lo que sucede en el mundo. Cada segundo, cada momento a través de la Internet uno se entera de las ultimas noticias, de hechos fabulosos y, por qué no, también del nuevo chisme del colegio, de la Universidad, del trabajo Todo ello provoca la sensación de aislamiento. Si no has revisado tu correo en una semana, luego es muy probable que no te hayas enterado de que hubo una reunión en casa de tu amiga a la cual iría la chica que te gusta, de que ya es muy tarde para acudir a la entrevista de trabajo de la empresa a la que mandaste una solicitud con tu curriculum adjunto.

Al dedicarle tanto tiempo a la Internet, uno va dejando de lado algunas prácticas. El mas grabe en mi caso fue la lectura tradicional en mi humilde mesa. Imagino a muchos que quisieran dedicarse el día completo a leer un libro o ponerse a escribir ininterrumpidamente sin los perjudiciales rayos del monitor, pero no, la computadora espera y no usarla genera la sensación de no aprovechar oportunidades.

¿Qué hubiera sido de algunos escritores si hubieran sido expuestos al uso de Internet?. Imaginen a Mempo Giardinelli seducido por una adolescente que conoció en el Chat de Terra, o imaginen a Borges dejando de lado su proyecto de Ficciones por ponerse a comentar en el Hi5 de una bailarina de tango. Imaginen también a Bryce Echenique copiando la tarea del colegio de un Blog. Por todas esas razones, me hubiera gustado nacer antes de la era del computador.

jueves, 12 de febrero de 2009

Días de Cortázar

Este jueves 25 de febrero se cumple un cuarto de ciclo de la muerte del argentino Julio Cortazar, un icono del relato corto y de la innovación en la literatura en general. Para la ocasión, por un lado, menciona El Dominical, “acaba de aparecer en España una edición de Lujo de "Historias de cronopios y famas” con tres cuentos inéditos de la famosa obra. Por otro lado, en Cuba recuerdan que “en las noches habaneras, abriéndose paso entre periodistas, Julio Cortázar lograba trasladar su osamenta fosforescente a El gato tuerto. Ahora hay allí una silla vacía. Sin gustar de la frases huecas, de veras que cuando Julio se fue, nos quedamos más pobres” y es más memorable la impresión que Gabriel Garcia Marquez sintió al verlo:
“Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón” (El Dominical)

domingo, 8 de febrero de 2009

La Sangre de Truman Capote

Hace no mucho tiempo que me topé con la obra A Sangre fría. La adquirí en el Emporio de libros usados (libros que no huelen a nuevo pero que tienen el rastro de otros ojos y una que otra mancha) en Amazonas. Su lectura me permitió comprender la larga lista de posibilidades que ofrece el periodismo para contar un hecho. El siguiente texto es una crítica que me pidieron escribir en la Universidad, pero que se convirtió en un elogio.


¡Pobre Capote!

Sin duda alguna, una apreciación critica acerca de A sangre fría debe iniciar por señalar y aplaudir el colosal trabajo que sólo alguien paciente, meticuloso y genial como Truman Capote puede lograr. Es plausible no sólo por ser de tan difícil elaboración narrativa, sino por su profundidad. Capote se logra introducir, a través de los recuerdos y piezas redescubiertas y armadas, a la mente misma de los criminales Hickcot y Smith.

¿Cómo lograr este efecto en las páginas de su célebre obra? Pues hay sólo dos caminos: O vivir los sucesos narrados, o retroceder el tiempo a punta de sesudas rememoraciones. Capote, usó los dos caminos, logró retroceder el tiempo entrevistando, conversando, leyendo rumas enteras de archivos policiales, hilando la delgada y agazapada línea de aquel tiempo rasgado por un hecho sangriento. De seguro fue como desenterrar un cadáver aun latiendo. Y también vivió una buena parte de ellos, incluso logró modificar de algún modo el destino, imagino que fue como si el creador d
e una estatua haya podido apreciar a la figura viva a representar, charlar un poco con ella y ser luego el encargado de reconstruirla en piedra, en letras.

¡Pobre Capote!, ¡cómo habrá terminado su pulso de tanto escribir! ¡De cuántas formas habrá forzado a su cerebro para imaginar! ¡Cuántas arduas jornadas tuvieron sus ojos que soportar para traducir el tiempo en palabras, hojas, archivos, libros! Pero ¡Cuán grande y placentera satisfacción ha de haber sentido en el momento de tener en sus manos aquel primer ejemplar de un nuevo periodismo! Y si a su libro él lo llamó A sangre fría, yo podría asegurar que en sus páginas no sólo se encuentran la sangre del Sr. Clutier o de Nancy, sino también la propia sangre de Capote.

Este, más que una apreciación crítica, es un elogio de parte mía a A sangre fría, por haberme enseñado que el Periodismo no tiene fronteras. Que puede atravesar las barreras disciplinares de la literatura, el arte e incluso la filosofía. La viva muestra, creo yo, se encuentra en la última parte del libro, donde parece que Capote, sintiendo el leve rumor y vacío que siempre antecede al final de algo trascendental, dio un salto de la narración y decidió terminar A sangre fría con la siguiente escena:

“Yo me he alegrado también, Sue ¡Buena suerte- le gritó mientras ella desaparecía sendero abajo, una graciosa jovencita apurada, con el pelo suelto flotando, brillante.
Nancy hubiera podido ser una jovencita igual. Se fue hacia los árboles, de vuelta a casa, dejando tras de sí el ancho cielo, el susurro de las voces del viento en el trigo encorvado” (CAPOTE: 1980)

En aquella escena predomina la sinceridad, la impresión de Capote por percibir la esencia del tiempo, la sensación de ser testigo de un “pudo ser” y la conciencia de que el suceso, la noticia, no solo deja una huella en la memoria, sino también en el ambiente y el tiempo.




A los que que han leído la obra, les invito a que compartan su opinión y los que no, en Amazonas el libro no pasa de 7 soles.